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Mar de mañana

Mar de mañana

“Farid mira el mar. Por primera vez en su vida. Lo toca con los pies, lo recoge con las manos. Lo bebe y escupe. Creía poder caminar sobre él, igual que los barcos de los piratas. En cambio, está mojado y tira hacia abajo”

La escritora italiana Margaret Mazzantini, relata en su último libro las historias de dos madres que comparten el sentimiento de desarraigo y un elemento común que los separa, el mar, que tienen que atravesar para encontrar una nueva vida.

Jamila con poco más de veinte años, es una joven viuda con su hijo Farid. Han crecido en el desierto. La guerra arrasa Libia, y Jamila sueña con buscar refugio en Italia.  Así, acaban en una barcaza cruzando el mar. En la otra orilla vive Angelina, hace cuarenta años realizó el mismo viaje, hace un recorrido por su infancia feliz, la llegada de Gadafi. Ahora pasa el verano con su hijo, Vito, en las islas de Catania. Vito es un joven que no sabe qué hacer con su vida pero le gusta mirar el mar embravecido. Angelina ya no se baña. Dice que no quiere nadar en un mar donde se hunden las barcazas.

En un día como hoy, donde suena la tragedia de Lampedusa. Los diarios recogen en portada la tragedia donde nos cuentan que 500 personas procedentes del otro lado del mar, buscaban llegar a Italia, montados en una barcaza. La cifra de muertos ya alcanza los 200, entre los que hay niños y mujeres embarazadas. Canciones parecidas suenan a menudo pero sigue sin ponerse remedio. Hoy Europa se avergüenza.

Como decía es un día como cualquier otro, pero hoy especialmente, me trae a la memoria el relato de Margaret Mazzantini. Lectura obligada. La escritora teje la vida de dos familias llenas de sentimiento, desde el pasado, al presente, dejando abierto un rayo de esperanza y justicia hacia el futuro.

Mujeres en la brecha

En las costas italianas, en el naufragio, suena el nombre de varias mujeres que tratan de mejorar la situación y que no se repita. Giusi Nicolini, alcaldesa de la isla de Lampedusa donde viven unos 5.000 habitantes. Cuenta que harta de que las autoridades italianas no pongan remedio, envió el pasado febrero una carta a la Unión Europea reclamando soluciones.

Giusi Nicolini declara que hay que empezar por cambiar la norma aprobada en 2008 por el Gobierno de Berlusconi, por la que se procesa a pescadores que han salvado vidas en el mar, acusándolos de complicidad con la inmigración clandestina.

La actual ministra de Integración italiana, Cécile Kyenge, nacida en la República Democrática del Congo, debería empezar por cambiar esa norma. Al llegar al cargo decía que su presencia al frente del ministerio es una oportunidad para demostrar a muchos emigrantes que ellos también pueden salir adelante.  Kyenge hace oídos sordos a los ataques racistas de la Liga Norte y mantiene su objetivo.  Dar esperanza a los hijos de inmigrantes

Sin embargo, queda mucho por hacer. Dentro y fuera de Italia y de la Unión Europea para cambiar la situación actual que dura ya demasiado tiempo.

Y es que como dice en su novela Mazzantini: Al embarcar ninguno pensaría que el mar no tenía un final (Mar de mañana).

Fuente: ‘Mar de Mañana’ de Margaret Mazzantini. Editorial Alfaguara.  
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