Deja un comentario

Demuestra que eres una bruja

Bruja de los cuentos

Un museo de Valencia dedica estos días una exposición a las brujas y su mundo. Un gran imaginario colectivo que pasa por la visión de la serie de estampas de Los Caprichos de Goya (lo mejor de la visita) hasta encontrar las brujas más variadas: la de la lotería (Bruixa d’Or), la bruja avería y su bola de cristal y como no, las de los cuentos de los niños.

Cartel MUVIM

Cartel del MUVIM

Cuando era pequeña, mi bruja favorita era aquella que vivía en una casita de chocolate y que atrapaba a Hansel y Gretel, esos niños no demasiado buenos que habían escapado de su casa. No debía ser tan mala si vivía rodeada de golosinas, cocinaba galletas y pasteles hasta moldear una casa con ellos. Lo que no entendía es como podía preferir comer carne a degustar los dulces. Creo que no entendí bien la finalidad del cuento.

Malvadas, solitarias, hurañas, con gatos negros, escobas voladoras, a poder ser una verruga con pelos y pellejos de vieja, que saben de conjuros para transformar su aspecto a voluntad, y la clásica pócima para envenenar manzanas que tumban a la tonta princesa de un solo mordisco.

Porque para los cuentos infantiles sólo existían dos tipos de mujeres, la bella e inocente princesa que se dejaba engañar por la malvada bruja que escondía fines perversos. Menos mal que los tiempos han hecho cambiar las historias, y no siempre la heroína es tan ingenua ni la más vil es una bruja. Además, yo misma cuando leo una historia a la pequeña de la casa dulcifico a los monstruos de los cuentos. Puede que la madrastra de Blancanieves necesitará un hijo propio para crear lazos con la princesa. Y la tramposa Úrsula quisiera que la perdonaran, y no vivir desterrada de los banquetes y palacios del mar.

Linda maestra (1799) de Francisco de Goya

Linda maestra (1799) de Francisco de Goya

Al margen de los cuentos, las mujeres consideradas brujas tuvieron problemas más reales. No se debería tratar con frivolidad la muerte de miles de mujeres acusadas de brujería, la conocida como caza de brujas que se dio desde el siglo XV hasta bien entrado el siglo XVII. Acusar a una mujer de bruja suponía prácticamente la condena y muerte de esa persona que no tenía modo de demostrar el sin sentido de la acusación. La iglesia se aprovechó de las circunstancias y ayudó a poner la leña a las hogueras donde se las quemaba.

El temor a la mujer instruida que sabía los fundamentos básicos para sanar a un enfermo, la misoginia de los hombres en el poder, las envidias y la ignorancia, grandes caldos de cultivo para llenar un caldero y dejar que hierva a fuego lento, sin necesidad de sapos y culebras.

Sería estupendo que todo aquello fuera solo pasado, pero no hace más de un año que leía una noticia sobre Nepal, donde miles de mujeres son acusadas de brujería en pleno siglo XXI. Una maldición que puede acabar con sus vidas, no sin antes humillarlas y marginarlas de su poblado. El chaman, un hombre, es el que protege y sana a los enfermos, pero cuando no entiende la enfermedad o no puede curarla, casualmente es obra de una bruja, una mujer que sea cercana a la familia, a poder ser.  El comité local prefiere creer al chaman, no faltaba más, y la mujer es acusada de envenenar o de practicar brujería.

Demostrar que no eres una bruja es difícil, pero digo yo que poseyendo un libro de hechizos y un caldero en la cocina, sería más fácil demostrar que sí son brujas. Solo tendrían que convertir a los que las señalan con el dedo en sapos o gatos, o bien, haciéndoles desaparecer tras un humo negro.

De poco sirve que endulcen en las series de televisión a las brujas como a la mítica Elizabeth Montgomery y su movimiento de nariz, en “Hechizadas”. Las conviertan en heroínas y salvadoras en “Buffy” y en “Embrujadas”.  O las dejen arrepentirse y dirimirse por amor, como es el caso de la serie más actual “Erase una vez” (Once upon a Time) y es que al fin y al cabo todos tenemos derecho a cometer errores y a rectificar. Incluso la más maquiavélica de las brujas, Regina, la madrastra que hace desaparecer la magia del mundo para vengarse de Blancanieves. Hasta esas mujeres a veces actúan por amor y quieren ser mejores.

* El Museo Valenciano de la Ilustración y la Modernidad (MuVim).

“Once upon a Time’

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: