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Mujeres que no callan: Caddy Adzuba y Charifa

Esta semana he encontrado a dos de esas mujeres, Caddy Adzuba y Charifa. Luchan por mejorar sus derechos y el de otras mujeres, en países en los que pertenecer a un sexo u a otro lo cambia todo.  Unos tienen el poder y otras deben obedecer.

Pero en estos dos casos, además de su condición de mujer, también les va a la contra el sistema capitalista y el mundo globalizado. No les llegan los beneficios, las mujeres son objetivos de la guerra o son las nuevas obreras sumisas.

Un mismo continente, África, dos países diferentes, la República Democrática del Congo y Marruecos,  pero que coinciden en una premisa, hacer prevalecer los intereses económicos sobre los derechos de las mujeres.  

Caddy Adzuba es la más veterana en defender a las mujeres de su país, periodista en el Congo y amenazada por su trabajo. Ya en 2009 se le otorgaba el premio internacional de periodismo Julio Anguita Parrado, por denunciar la violencia sexual que sufren las mujeres del Congo, lo mismo que ahora vuelve a recordar en su gira por España. Cuatro años han pasado y parece que nada cambia.

Caddy Adzuba lo tiene claro, repite que si la prensa internacional no denuncia lo que pasa en su país, no hay nada que hacer. Las mujeres son el pilar de las familias, las que sostienen la economía, por eso van a por ellas. Con las violaciones consiguen que la mujer sea repudiada, además de maltratada, la propia familia la aparta.

Recuerda que la guerra dura más de 15 años, y aunque existen programas de sensibilización para combatir la violencia sexual contra las mujeres, además de una misión de la ONU en el Congo, no es suficiente.

La realidad se impone, estas mujeres viven en un país con una gran riqueza mineral y ni las multinacionales, ni los rebeldes ni las milicias quieren ceder el control. Uno de los minerales es el coltán que es fundamental para el desarrollo de nuevas tecnologías: teléfonos móviles, ordenadores portátiles, MP3…

En el mismo lado, Charifa. Ella  empezó a trabajar en la fresa con 15 años, ahora tiene 23 años y se ha transformado, ha dejado de ser una niña retraída y tímida.  Ahora se atreve a defender sus derechos como trabajadora, es una mujer fuerte que alza su voz  en reuniones, debates. Dicen de ella que tiene dotes de líder y podría llegar a ser diputada.

Charifa denomina ‘esclavitud’ a la labor que desarrollan las mujeres en la fresa, ya sea en el campo o en la fábrica.  Control exhaustivo de los horarios, seis horas de pie sin permisos para ir al baño, gritos de los encargados para que trabajen más rápido, impensable pagar horas extras, acoso sexual incluido.

Los campos de cultivo y las fábricas de empaquetado de Marruecos, hoy en día alcanzan una producción de más de 100.000 toneladas. La mayoría se exportan a la Unión Europea, y algo menos a  los Emiratos Árabes y a China.

Intermón Oxfam se une a otras 20 organizaciones locales para trabajar juntas y conseguir unas condiciones de trabajo dignas, así como presionar sobre las empresas extranjeras para que acepten el cumplimiento de estos derechos.

Durante la entrevista, me llama la atención una de las preguntas que realizan a Hajar, una de las asistentes al seminario de Intermon Oxfam, que pudo dejar su trabajo en la fresa y ahora tiene una peluquería. (Entrevista en JotDown)

“—¿Te gusta comer fresas?

Me gustan. Esta pregunta suelo hacerla a menudo a mis amigas que siguen en la fresa y siempre contestan que las detestan, que no pueden llevarse una fresa a la boca sin sentir dolor, asco. Yo he dejado de comprarlas. Cuando voy al mercado miro las fresas y pienso: estas son las fresas que provocan tanto sufrimiento”.

Pequeñas denuncias, fuertes luchadoras y un mundo entero que es cómplice y mira hacia otro lado. ¿Quién no quiere comprar más barato? ¿Quién renuncia  a las nuevas tecnologías? ¿Cómo llamar la atención de las grandes empresas, o mejor cómo remover su conciencia?

La fuente de las mujeres (2011)

En la película se consigue un pequeño logro por parte de las mujeres, por eso he querido que acompañará al texto.

La historia transcurre en un pequeño pueblo, en algún lugar entre el norte de África y Oriente Medio. La tradición exige que las mujeres vayan a buscar el agua a la fuente que nace en lo alto de una montaña, lo que ocasiona bastantes accidentes. Ha sido así desde el principio de los tiempos. Pero un día, las mujeres dicen basta. Primero es una pequeña voz la que se opone, pero poco a poco se hace oír y son más las que protestan. Hasta que todas se unen por una causa justa.

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